A 50 años de la publicación de la obra que marcó un antes yun después en la literatura latinoamericana.
En 1967 un editor argentino llamado Francisco Porrúa recibió
un manuscrito de un joven escritor desconocido para las masas, que empeñó sus
últimas pertenencias para mandarlo por correo desde Barranquilla, Colombia. El
autor era Gabriel García Márquez, ‘Gabo',
y el texto, aún sin nombre, pasaría a la posteridad como ‘Cien años de
soledad'. Medio siglo después, celebramos el aniversario de una obra traducida
a 39 idiomas, con 40 millones de ejemplares vendidos y una de las principales
exponentes de la literatura latinoamericana.
La licenciada en Letras y traductora Claudia Amengual
escribió la novela ‘Cartagena', publicada en 2015, como un homenaje a Gabriel
García Márquez. El libro "es una conmemoración a Gabo porque abrió las
puertas para que la literatura latinoamericana fuera vista en todo el mundo.
Puso el listón muy alto. Todos los que vinimos después tenemos la sensación de
que hay que llegar a un punto que nunca vamos a alcanzar. Propuso una utopía
literaria inalcanzable. Aún así hay que caminar para intentar llegar hacia él",
manifestó la escritora.
El primer contacto de la autora con un texto del escritor
colombiano fue durante su niñez. Eran tiempos de dictadura y los profesores
"estaban acotados". Su maestro les había encomendado la tarea de
hacer un árbol genealógico de la estirpe de los Buendía. Amengual recuerda ese
encuentro como "una aproximación fría, sin la proximidad del goce, que es
lo que propone el autor".
"Para un joven de 15 años leer este desborde de
imaginación con una regla y un lápiz en la mano es matar la literatura y romper
ese pacto ficcional que propone el autor desde el primer párrafo, donde él
anuncia una propuesta de cosas reñidas con la física, la química. Dentro de ese
mundo pide al lector que tome como real lo que sucede. Esto me volvio a pasar
con muchos clásicos. El buen profesor de literatura es el que crea un lector
para el futuro", indicó.
El primer libro de Gabo que disfrutó la licenciada en
Letras, tiempo después, fue ‘Crónica de una muerte anunciada', al que considera
la obra más perfecta de García Márquez desde el punto de vista técnico. Luego
pasó por ‘El amor en los tiempos de cólera', que, para Amengual, es una de las
novelas "más románticas que existe".
"Ya desde el título el autor plantea un oxímoron: lo
divino por un lado y la enfermedad y la ira por el otro. Desde el inicio se
diluye cualquier miedo a la cursilería", explicó. Para la novelista
uruguaya, la lectura es una herramienta fundamental para crear pensamiento crítico
y hacer a la humanidad más libre. "Sirve para votar, para cuando nos
quieren vender cosas y podemos elegir y no porque nos lo imponen. Enseña a
pensar", destacó.
El destino la volvió a cruzar con ‘Cien años de soledad',
que hasta el día de hoy "sigue siendo un reflejo fiel de América Latina.
Es un libro asimilable a un texto religioso, con un Génesis y un Apocalipsis.
Su lectura es universal. Macondo se crea y se destruye a lo largo de sus
páginas. Es un encadenamiento de alegorías que puede dar interpretación a ideas
filosóficas complejas", aseveró.
Sin embargo la escritora recomienda sumergirse en sus
páginas con una "mirada de niño", ya que García Márquez es
"disfrute puro". "Macondo es un estado del alma, primero para el
autor y después para todos nosotros. Es nuestro mundo personal, interior. En un
mundo globalizado, donde todos usamos la misma ropa, el mismo celular,
consumimos lo mismo, tenemos que tener la rebeldía de preservar un reducto solo
nuestro para forjar nuestra identidad. Si no, nos perdemos en una gran masa.
Macondo es un ejemplo que nos puede ayudar a todos", consideró.
Destacó la obra completa del autor colombiano como
"inmortal" y llamó a ‘Cien años de soledad' "un clásico",
no solo por su permanencia en el tiempo sino por su capacidad para "resignificarse
a través de los años"
"Aborda los grandes temas que angustian al ser humano.
Gabo, ese autor inagotable, alguna vez dijo que no había una sola línea en su
literatura que no fuera sacada de la realidad. Lo que ocurre es que él le
imprimía magia", concluyó

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